Playas color turquesa

Fernando de Noronha

El olor a mar llegó mucho antes de que yo lo notase. Llevaba toda la vida conmigo, esperando a que lo percibiese. Una vida siguiendo inconsciente una estela en un primer momento imperceptible, que conforme se iba acercando el momento (no el lugar), se hacía cada vez más densa.

Llegué a Macondo desde Riohacha, atravesando las montañas, siguiendo un hilo de sangre. Llegué a Ispahán desde Londres, en busca de sabiduría. Llegué a la orilla oriental del Sena desde la occidental, siguiendo el perfume  que llegó a obsesionarme. Llegué a abadías destruidas, para buscar respuestas en sus bibliotecas. Llegué a Nakano, persiguiendo gatos parlantes, buscando agujeros que conecten 2 universos, y que me llevasen a la playa que llevaba toda la vida buscando.

Las aguas eran  turquesa; la arena como harina en mis pies; el sol en la cara, Brasil; las olas efervescían al romper en caracolas; las nubes pinceles que dejaban trazos en la arena y colores en el mar. Toda la vida esperando un momento que ya había pasado. Mi corazón disfrutada lo que mi estómago dictaba. Un momento ya pasado para algunos y futuro para otros.

Pronto la compañía bananera llegaría y con ella  la lluvia de sanguijuelas que borraría las huellas del camino, los trazos de las nubes y la música de las olas. Será entonces cuando el viento disperse la fragancia en el ambiente y otra nueva ocupe su lugar.

Playa de Lopes Mendes
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