Banderas

photo by ReefRaff on Flickr

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Siempre he sido poco amante de los extremos. En ellos considero que nunca podrá encontrarse la verdad absoluta porque, como extremo que es, no creo en la verdad absoluta.

El problema de los extremismos es que sus argumentos suelen convertirse en irracionales, pasionales e inamovibles; con el  único objetivo de la prevalencia sobre su contrario y el exterminio de éste. En este griterío, la defensa del término medio parece una batalla perdida. Demasiado silenciosa para ser escuchada y, sin embargo, la única postura sensata.

Esta reflexión me surge a partir de un artículo que leí ayer en un blog sobre nacionalismos. En él se hablaba del nacionalismo como un concepto anticuado, inútil y pueril; y he pensado que es una pena como demasiadas veces la definición del extremo se impone sobre la del término.

Por ello, se ha convertido en temerario el definirse cuando un término engloba un rango tan basto de posturas. Lo que si sé es que me siento orgulloso de ser lo que soy, de ser como soy, de pensar como pienso y de actuar como actúo; y considero que en ello han tenido un papel muy importante las personas, más que las banderas, que han ambientado mi vida y que, de una u otra forma, me han ayudado a tallar mi personalidad. Es por ello que no puedo dejar de sentirme unido a cada una de esas personas. Porque su cultura se ha convertido en la mía y viceversa (o eso espero en una humildísima parte). Es por ello que me siento gallego y español pero también polaco, brasileño, alemán y demás “naciones” que me han aportado su granito de arena cruzándose en mi camino. 

No encuentro una metáfora mejor para representar lo que pienso que la de una planta: con raíces que le permiten crecer en la tierra donde ha nacido,  pero a la que si le cortas las hojas se acabará secando al ser privada del alimento que supone el sol de las diferentes culturas. 

A estas alturas aún no tengo claro si esto es sentirse nacionalista o no. Lo mejor de todo es que tampoco me importa.

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Una respuesta a “Banderas

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